domingo, 25 de octubre de 2009

¡YO DIBUJO MUY BIEN!


DIBUJO CON LA MANO DERECHA



DIBUJO CON LA MANO IZQUIERDA
DIBUJO CON LOS OJOS CERRADOS


Es curioso, pero al ver estos dibujos al único que saco pegas es al primero. Esto me hace plantearme por qué somos tan exigentes con nosotros mismos, parece que tenemos que hacerlo perfecto. Sin embargo, cuando veo el segundo y tercer dibujo no siento que estén mal, me parecen incluso aceptables si tenemos en cuenta que utilizo una mano que nunca uso o que ni siquiera estaba viendo lo que pintaba. Pero cuando dibujo con la mano derecha no me permito excusarme, no pienso que dentro de lo que cabe no está mal teniendo en cuenta que nunca he recibido clases de dibujo o que, simplemente, no lo practico mucho, me exijo que se parezca lo más posible a la realidad y, para ello, lo corrijo cientos de veces, hago trazados cortos, dubitativos, pongo unas líneas encima de otras, luego repaso las definitivas y, aun así, no estoy contenta con el resultado.
Mientras hacía el dibujo con la mano izquierda no podía evitar reírme, veía como el pulso no era firme y como las líneas iban un poco a su antojo, pero no me producía vergüenza, intentaba dirigir la mano lo mejor posible y, cuando vi que más o menos parecía un retrato, lo di por terminado sin intentar arreglar nada.
El último de los tres dibujos fue el que menos me costó, no tarde ni diez segundos: cerré los ojos, intenté que cada parte de la cara estuviese en su sitio y, los abrí. Cuando vi el resultado solté una carcajada, pues era un tanto siniestro el retrato, pero no pensé que fuese peor que los otros o que los demás se rieran por lo mal que estaba, pensé que era gracioso y se lo enseñé a mis compañeros para que se rieran conmigo.
Además todas esas sensaciones quedan demostradas en el trazado de las líneas, como dijo Pilar. En el primer dibujo, el de la mano derecha, hay muchas líneas, lo que demuestra que iba dibujando con cuidado, con miedo a fallar, corrigiendo todo, etc.
En el segundo, a pesar del mal pulso, hay muchos menos intentos de línea, hice primero una y luego intenté arreglar una parte haciendo otra y lo dejé como estaba. El tercer dibujo lo hice del tirón. Una única línea y, sin apenas levantar el lápiz del folio.
Creo que ponemos el listón muy alto a la hora de dibujar, deberíamos conformarnos con menos, como hemos hecho con los dibujos de la mano izquierda y con los ojos cerrados, porque sabemos que es imposible que nos salgan perfectos. Entonces, ¿por qué cuando dibujamos con nuestra mano buena intentamos que se asemejen tanto a la realidad, a los dibujos de aquellos que han nacido con unas cualidades especiales y que, además lo practican todos los días? ¿por qué no nos decimos a nosotros mismos que dibujamos muy bien teniendo en cuenta que ni tenemos un don especial ni lo practicamos con empeño?
Creo que desde pequeños hemos tenido complejo de no saber dibujar, porque siempre teníamos un compañero que lo hacía mejor y al que siempre elegían los profesores para ilustrar los carteles o decorar los pasillos. Nunca olvidaré el día que mi maestra me dijo: ¡Qué bien Eva, ya vas aprendiendo a dibujar!. Por un lado me sentí aliviada, orgullosa, pero por el otro sentí que todos los dibujos que había hecho antes de aquel día no habían tenido ningún valor.

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